Frei Otto (1925-2015): de pompas de jabón a paisajes tensados
Cuando el arquitecto Frei Otto trepó al techo del pabellón de Alemania en la Expo 67 de Montreal, sintió que se elevaba y descendía como si estuviera sobre un ser vivo.
Archivo de arquitectura
Buenos Aires — MMXXVI

Cuando el arquitecto Frei Otto trepó al techo del pabellón de Alemania en la Expo 67 de Montreal, sintió que se elevaba y descendía como si estuviera sobre un ser vivo.

La ventana, que no trabaja con el ojo sino con el cuerpo entero: la postura, la distancia, la piel, la memoria.

La escalera condensa una tensión humana elemental: la promesa de estar arriba y el vértigo de volver abajo.

¿Es el tiempo algo real y objetivo o es solo una ilusión? Treinta años parecen una buena medida para revisitar una obra de arquitectura tan singular como su contenido.

Una tipología hija del siglo XX: el puente habitado trasladado a la autopista italiana y convertido en restaurante, mirador y emblema de otra época.

Incluso de las obras más «simples» de Pier Luigi Nervi se pueden extraer aspectos de interés: el puente de Limena, entre apoyos de sección mutante, ventanas octogonales y fotos mágicas.

Las esculturas oscuras de Hans Josephsohn encuentran en el hormigón crudo de este museo una feliz resonancia entre contenedor y contenido.

A mí me cautivó esta constelación de ínfimas piezas unidas en delicada tensión. Cosas náufragas, erosionadas, perdidas.

Año 1938. Asmara, noreste de África. El arquitecto apunta su revólver a la cabeza del capataz que se rehúsa a sacar los puntales del encofrado.

Luego de ganar el primer premio en un concurso por invitación, Toyo Ito realizó este cilindro de aluminio de base elíptica y de veintiún metros de altura. Una ingeniosa operación cosmética propuesta para recubrir…
Una serie sobre los elementos que la arquitectura da por descontados —la ventana, la escalera— leídos desde el cuerpo que los usa.
Ver la serie completa →